Reseña crítica / Critic review

Si hay un recurso creativo sobre el que se construye principalmente la presente serie fotográfica de Kevin Quiles, ese es la paradoja. Mientras en la actualidad los teléfonos inteligentes se han convertido en un mecanismo imprescindible para quienes desean estar conectados sin pausa con otros seres humanos, ya sea a través de las redes sociales, de la circulación de mensajes o de correos electrónicos, este graduado del Departamento de Bellas Artes le da un giro conceptual a esa imposición social que se ha generado entre los jóvenes de su misma generación, y emplea su móvil para estrechar la comunicación con él mismo.

A diferencia de la enajenación compulsiva que experimentan miles de jóvenes en sus periodos de espera y en los momentos de tránsito interrumpido, Quiles reconoce en la cámara de su teléfono un medio con el que observarse e investigarse como sujeto, contrariamente al voyerismo insaciable de imágenes y comentarios ajenos que otros practican sin descanso alguno. Y no lleva a cabo este proceso desde el ansioso ejercicio del selfie, tan manido y tentador entre sus contemporáneos, sino que precisamente elige un giro de ciento ochenta grados y comienza a reconocerse desde el análisis de su lugar en el espacio, retándose a investigar quién es él mismo en relación con su entorno. Es ahí donde descubre cómo lo que le rodea se estructura como imposición, cómo le condiciona o le determina. Las instituciones, la naturaleza o los espacios de tránsito se transforman en vorágine que en ocasiones le engulle.

Entonces, se enfrenta al otro —ya sea este físico, arquitectónico o natural — y se esfuerza por que así se transmita, apareciendo en ocasiones retratado de espaldas al espectador, como el protagonista presente y único de todas sus batallas existenciales. Lejos de las composiciones de la pintura romántica, en las que el individuo se mide fascinado ante la sublime naturaleza, Kevin Quiles construye aquí un entorno fragmentado, vertiginoso y amenazante, asistiéndose precisamente de aquellos mecanismos que las nuevas tecnologías ponen hoy a su alcance. Pero no recurre a las aplicaciones de geolocalización ni a los filtros cromáticos de manipulación de imágenes. Todo lo contrario, elige procedimientos que entorpecen nuestra nítida visión de aquellas. No son, por tanto, las herramientas que se descargan para que los usuarios del teléfono maquillen sus fotografías y después las compartan para presumir de experiencias ante otros contactos en las redes sociales, sino que, he aquí la mayor paradoja, son las que cuestionan los mitos que construyen el retrato que mostramos de cada uno de nosotros y las que también Kevin Quiles utiliza para desestructurar su entorno y así conocer qué de real tiene la imagen que le imponen a crearse de sí mismo.

Prof. Laura Bravo
Directora, Programa Historia del Arte
UPR Río Piedras